El Lenguaje es mi Tierra, mi Identidad por Tania Day-Magallon


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El lenguaje es mi tierra, mi casa, mi madre; y estos tres elementos son femeninos cuando se dicen en español. Cuando me despojas de mi lenguaje, es arrancar también mi forma de expresión. Es dejarme desnuda de una parte de mí y mi Feminidad Divina, que justamente está intrínsecamente ligada a mi tierra madre.

Mi identidad no solo se transforma, sino que, al ser impuesta una nueva manera de decir las cosas, es migrar fuera de mi misma y alejarme de mi hogar que ya está lejos de por sí, del otro lado de un muro; mas llevo un pedacito en la manera en que te digo que te amo, en la manera en que le hablo a mi madre y a mi padre, a mi nana, a mi tata, a mi Tonantzin, a mi Virgen Morena; y en la manera en que llamo a mi amado país y a mi raza Mexica, Mexicana. ¿Como puedo explicar la soledad que siento en otro idioma cuando se nos ha despojado de tanto? ¿O cuando se me ha impuesto y forzado a hablar un lenguaje que no entiende de amor ancestral, ni el amor de mi madre ni de mi madre tierra?

Tierra se dice en español, pero también se dice tlalli en náhuatl, la lengua que se habla en una vasta parte de México. Este vocablo teje nuestro sentir con nuestras raíces y construye muchas otras palabras en nuestro lenguaje diario. Tlalli es una palabra en movimiento en la cosmovisión de nuestros pueblos originarios. No es estática, así como la naturaleza de la materia que la constituye, siempre esta activa como un ser viviente que nos nutre. Lleva en ella entretejido el tiempo-espacio y de esta manera, en nuestra cultura, la tierra se lleva conectada a la esencia de uno, pues la misma tierra permanece conectada con el cosmos del que somos parte.

Por eso la tierra como el lenguaje, se lleva siempre cuando migramos y eso no se debe olvidar. Se transmite, se carga, se le alimenta mediante el recuerdo; observándola y reconstruyéndola, contando historias de nuestros orígenes y aprendiendo de sus enseñanzas. Al lenguaje se le procura como a la tierra, se le ara y se le cultiva, se le cuida. Así también se construye la comunidad y las alianzas perdurables, y se reafirman las identidades. Es preciso, entonces, volverse cuentacuentos para seguir llevando la tierra nuestra por doquier, y echar raíces a donde quiera que nos lleve la vida.

Pero esto, fácilmente dicho, no hubiera sido más fácil de entender para mi hace más de 20 años cuando me vi forzada a migrar. Cuando migrar es la única opción, la realidad a veces es más dura que el hecho de vivir en tierra lejana; es la tragedia de ser obligado a borrar una parte de tu identidad, inclusive aquí, en tierras ancestrales que fueron arrebatadas e invadidas. Si, incluso aqui en esta tierra que nuestra gente trabaja, ara, cultiva, y conoce como la palma de su mano somos reprimidos por hablar nuestro propio idioma. Así mismo fue como el colonialismo y el expansionismo relegó y sigue postergando a los pueblos originarios; sus lenguas fueron forzadas a medio desaparecer entre el clasismo y el colorismo junto con el despojo de la tierra sagrada, la tierra madre que sigue siendo objeto de violaciones. Esta misma sigue siendo la realidad para aquel que es del color de la tierra en este sitio dividido por un muro criminal: el ser forzado a acostumbrarse a estar fuera de sí, tan lejos de nuestra identidad.

Y entonces, nos vemos plantados en una tierra donde es difícil echar raíces. Sin embargo, tomando en cuenta la concepción Mexica de la tierra, aquella que indica movimiento y la que nos nutre de muchas formas, entonces podemos encontrar que está activa en cada uno de nosotros y que las fronteras impuestas no son muros inquebrantables. Y lo repito: ¡Las fronteras impuestas no son muros inquebrantables! El lenguaje rompe fronteras y une pueblos, se rebela ante lo impuesto y libera emociones aprisionadas. La lengua es una afectuosa madre que la tierra de nuestros ancestros nos regala, es nuestro derecho como nuestro derecho a todos sus otros nobles frutos. Hay un dicho zapatista que dice: “La tierra es de quien la trabaja”; por ende, esta es y seguirá siendo nuestra tierra. ¡Hablemos pues!, contemos cuentos, cantemos canciones, eduquemos nuestra lengua y transmitamos el sentir de nuestro pueblo. En nuestra lengua llevamos nuestra tierra.

There is a Zapatista saying that “the land is the one who works it.” This is and will always remain our land.

Tania Day-Magallon
Language is my Land, my Identity

Translation from the Spanish by Tania Day-Magallon:

Language is my Land, my Identity by Tania Day-Magallon

Language is my land, my home, my mother; and these three elements are feminine in Spanish. When you strip me of my language, it takes away my form of expression. A part of me and my Divine Feminine is left bone-dry. My identity is not only changed – I migrate out of myself and end up farther away from home, which is already physically distant, on the other side of the wall.

I carry with me a little bit of my homeland in the way I tell you that I love you, in the way I speak to my mother and father, to my nana, tata, Tonantzin, and Virgen Morena; and in the way I call my beloved country and my race Mexica, Mexican. How can I explain the loneliness I feel in another language when we have been stripped of so much? When I have been imposed upon and forced to speak a language that does not understand ancestral love — the love of my mother or that of mother earth?

Land is called tierra in Spanish, but it is also called tlalli in Nahuatl, the language spoken in a vast part of Mexico. This word weaves our feelings with our roots and builds many other words in our daily vernacular. Tlalli is a word in movement from the perspective of our ancestors, our originating peoples. It is not static, just like the nature of the matter that constitutes it, it is always active as a living power that nourishes us. It has been interwoven with the notion of time-space and in this way, in our culture, the earth is connected to our essence, as it is connected to the cosmos of which we are a part.

That is why land and language are always carried with us when we migrate, and that should not be forgotten. They are transmitted, carried, and fed by remembrance; by observing and rebuilding them, telling stories about our heritage, and learning the lessons they teach. Language is sought as is the land, it is plowed and cultivated, it is cherished. This builds communities and long-lasting alliances, it reaffirms our identities. Therefore, it is necessary to become storytellers, to carry our land everywhere we go, and connect with our roots anywhere life takes us.

This is easy to say now, it was harder to understand more than 20 years ago, when I had to migrate. When migrating is the only option, reality is sometimes harsher than having to live in a distant land; it is the tragedy of being compelled to erase a part of your identity, even here, in ancestral lands that were stolen and invaded. Yes, even here in this land that our people work, love, cultivate, and know like the palm of their hand, we are persecuted for speaking our own language. This is how colonialism and expansionism continue to marginalize native peoples; their languages almost erased by classism and colorism, along with the stripping away of sacred land. This is how our motherland remains the subject of violations. It is the reality of those whose skin is the color of the earth, in this place divided by a criminal wall – we are forced to be exiled from ourselves and leave our identities behind.

And then, we find ourselves planted in a land where it is hard to grow and connect to our roots. If we take into account the Mexica conception of the earth, the one that indicates movement and nourishes us, then we can find it active in each of us, for imposed borders are not unbreakable walls. And I repeat: imposed borders are not unbreakable walls! Language breaks boundaries and unifies peoples, it rebels against what is forced, and it releases imprisoned emotions. The tongue is like an affectionate mother who restores the land of our ancestors, it is our right as our right to all its other noble fruits.

There is a Zapatista saying that “the land is the one who works it.” This is and will always remain our land. Let’s speak, let’s tell stories, sing songs, cultivate our language, and transmit the feelings of our people. In our tongue, we carry our land.

Photograph by Eric Day
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